León XIV. Cuestionamientos sobre el orden de la técnica al servicio de la vida. Foto:
lunes, 1 de junio de 2026 · 05:00
La nueva encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV no aborda la inteligencia artificial como un asunto de moda ni como una alarma pasajera. La coloca en el centro de una disputa moral, social y política sobre qué tipo de humanidad queremos preservar.
La carta plantea la metáfora de que, o edificamos una Babel digital, hecha de poder concentrado, uniformidad y control, o reconstruimos el mundo con responsabilidad compartida, vínculo social y bien común.
La IA no aparece en la encíclica como un enemigo por definición, tampoco como un artefacto neutral. Es una tecnología con rostro humano porque lo adquiere de quien la diseña, la financia, la regula y la usa.
El Vaticano no cae en la tecnofobia y menos en el entusiasmo. Reconoce que la tecnología forma parte de la historia humana y que ha mejorado la vida de millones de personas. Pero advierte que la velocidad de la digitalización, la robótica y la IA han llevado el poder tecnológico a una escala inédita.
Pregunta a quién sirve la innovación, a quién excluye, qué incentivos arrastra y qué clase de sociedad está modelando en silencio. La encíclica insiste en regular la IA, pero sobre todo en discernir quién concentra ese poder y con qué fines lo orienta.
El documento tiene un núcleo antropológico. La dignidad humana no depende del rendimiento, eficiencia o productividad. La persona vale por lo que es, no por lo que produce. Esa dignidad se sostiene en una verdad que la encíclica repite: la inteligencia humana incluye conciencia y libertad. No es sólo cálculo computacional. Es juicio, voluntad, amor y elección.