"Amarga Navidad", de Pedro Almodóvar. Foto: Cortesía

viernes, 29 de mayo de 2026 · 23:38

Sobre Elsa, que vampiriza la vida de quienes la rodean para escribir sus historias; o de Patricia, incapaz de terminar su relación de abuso, porque, según la otra, necesita “comer mierda”. La reconciliación y el llanto ocurren mientras escuchan en la tele a Chavela Vargas cantar “La Llorona”.

Lo anterior no es otra cosa que el guion que intenta escribir Raúl (Leonardo Sbaraglia), vampiro también de la vida de la gente a su alrededor, quien, al igual que su personaje, sufre un bloqueo creativo.

En esta última cinta, con el título de una canción que cantara desde la entraña su querida amiga, la difunta Chavela, “Amarga Navidad” (España, 2026), Pedro Almodóvar regresa al tema culminante de su carrera que expuso en Dolor y gloria (2019), film archi premiado, el de la auto-ficción, neologismo que describe una forma de autobiografía del autor que se encarna en un personaje de ficción que resulta ser él mismo. Esta vez, el director, que vive con su amante (Qim Gutiérrez), se enfrenta al conflicto moral de hasta donde le es lícito a un creador explotar dramáticamente la vida y los secretos de quienes lo rodean.

Almodóvar nunca se repite, lo que reitera son sus obsesiones, los temas que no lo dejan, con los que necesita jugar y experimentar hasta que lo abandonen, si acaso. Raúl, el director de la ficción, se cuestiona si se ha equivocado, si le ha dado demasiada importancia a personajes menores que no la tienen. Escrúpulo que suena falso porque justo es ese talento para dilatar la imagen de individuos de lo más común lo que los hace inolvidables para el espectador. ¿Cómo va a ser menor el personaje de Elsa, directora que tiene que hacer comerciales porque sólo hizo dos películas que se volvieron de culto, y a la que la doctora del hospital, cuando se entera, le pregunta si pertenece a algún culto? ¿Y qué tal con el amante de Elsa, que es bombero de profesión y stripper los fines de semana?

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